lunes, 28 de diciembre de 2015

Ser, Yo, en versión mejorada.

Tengo mucho sobre lo que reflexionar pero esta noche, solo me apetece hablar. De la vida, de mí, de ti. Solo hablar.

Echo de menos a alguien. Un ser introvertido y curioso que irrumpió en mi vida hace tiempo y desde entonces ha sido intermitente. Y aún así lo extraño. Escribiendo puedo reconocer que lo que verdaderamente añoro es quien soy cuando hablo con esa persona porque verdaderamente creo que le puedo ayudar. Sé que todo cuanto digo no va a saco roto, pero claro, también sé que esa es la razón por la que es intermitente. Cada vez que me acerco, desaparece. Pero en fin, aún así te echo de menos. Y sí, sé que es un situación que tiene remedio pero estoy en ese momento de mi vida en el que si quieres estar pasas hasta el fondo, y si te quieres ir puedes hacerlo por la puerta grande. Bien dicen que no ofende quien quiere sino quien puede. Y para este último caso no hace falta ser demasiado, solo el suficiente.

Por otra parte, Por una cama de Princesa me trae por el camino de la amargura. Si bien esta historia solo me ha cosechado momentos inolvidables... desde que se convierto en una opción comercial está rodeada por una aura de presión, tiempo, pena, aburrimiento, desorden... Quizás nunca debió dejar de ser algo gratuito y puro. Pero bueno, los quizás no nos harán caminar hoy. Lo que nos mueve es el movimiento. Volveré a cerrar los ojos y convencerme de que TODO PASA POR ALGO, TODO TIENE UNA RAZÓN Y UN EQUILIBRIO, aunque ni sabemos dónde, ni sabemos cómo y mucho menos cuándo. #PUCDP me tiene en una jornada de reflexión eterna, a la espera de la gracia o el triunfo. Y ahora lo sé, su error fue olvidar que Eva y Oliver son míos, y punto. Ni del que lee, ni del que compra, míos.

La Navidad, divino tesoro que guardaría en un libro. Si Señor, y la sacaría solo un ratito los domingos para no cansarnos de las mismas palabras, las ofrendas repetidas y los deseos perecederos. Tal y como yo lo veo la Navidad debería durar tanto tiempo que no sabríamos quién nos metió allí por primera vez. Feliz enero, feliz febrero, feliz... Todo el año y a ratitos.

Voy a por mi café, me gusta hablarte con él.

Echo de menos a mi padre y encima, he aprendido a vivir sin mi madre. Entender esto me ha hecho sentir muy mal, ¿por qué? Por todo lo que tengo que ser cuando ella no está y porque sé que si aflojo mi látigo y dejo al mundo SER a su antojo no será más que un recuerdo. Cantar, reír, beber, abrazarnos... y olvidar todo esto en pro del estrés, el agotamiento y la autoexigencia desmedida.Y es que mi círculo vuelve a donde siempre; a rozar la perfección, a desear aquello que ni soy ni me pertenece ser. VUELVO A TI CONFESIONES porque solo hablándote de la forma que lo hago, Querido Blog, puedo escucharme. No puedo ser ella, no puedo ocupar su lugar y jamás debo volver a intentarlo porque, sobre todas las cosas, no es el ejemplo que debo tomar. Agobiarme, agotarme, gritar, rabiar no es un modelo a seguir. Fluir, ¿recuerdas Fátima? ¿Recuerdas, Hadha? No aspiramos más que a fluir y no dejar de bailar y sonreír en el intento. Llegar hasta donde la sonrisa me lleve. Si no limpio hoy; no pasa nada. Si no cocino hoy; no pasa nada. Si su casa no está perfecta a su regreso; no pasa nada, hice lo que pude. No más de lo que debí. Si no estoy en el momento ideal para otro; no pasa nada, lo importante es estarlo para mis hijos. Se acabó estar para todo y en ausencia para ellos. Solo puedo dedicarme a algo más cuando eso implique algo inmediato y mejor para ellos. Mis hijos no deben volver a llorar porque yo les robo su tiempo por satisfacer a otro. Este es mi propósito para Año Nuevo. Ser Yo en mi mejor versión. ¿Y el tuyo? ¿Quién vas a ser?





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