martes, 23 de diciembre de 2014

Sobre los clichés


Hace días que vengo leyendo sobre el exceso de clichés en la literatura. Y me refiero al  exceso de novelas con temáticas/argumentos semejantes. Doy por supuesto que las quejas se refieren al uso reiterado de amores imposibles o la recreación indiscriminada de fanfic sobre 50 Sombras de Grey. Chica sumisa, modosita e inocente que se encuentra bajo el dominio protector de un sexy millonario, osco y encantador a partes iguales. Sexo de diversa dureza y sabor pero, al fin y al cabo, sexo explícito socialmente aceptado en la literatura actual.

¿Y qué? ¿Qué fue antes el huevo o la gallina? no es ninguna barbaridad la que te digo. El dominio y el cliché ha existido siempre, la diferencia es que ahora todos" escribimos sobre ello porque todos" estamos capacitados para ello. Idealizar, desear, progresar, desear y disfrutar del la sexualidad y la sensualidad es otro cliché que es requisito sine quanon a cualquier novela de romance. Sin embargo se ha idiotizado la dominación y el dominado, a pesar de haber existido siempre. Sí, realmente lo creo. Demos gracias al cielo de que lo que antes era una relación de pareja normal, sana en su entorno, es ahora una relación artificial que ha quedado solo para juegos de cama.

¿A donde voy? Pues a que los deseos de la mujer por protección y paz es lo que la  ha hecho mantener callada y sumisa durante varios siglos, si no XXI y algo más. La lástima es que la lucha social por la liberación de la mujer y la sociedad quede reducida a una generación que,  al no saber qué hacer con su vida, ansié ser dominada y mantenida. Reitero, lo malo no es leerlo, lo malo es creérselo.

Sí, soy fan de 50 Sombras de Grey, y soy mujer, y soy libre sexual, social, cultural y economicamente hablando. Y es que yo lo que veo es una ironía en la historia, una lucha entre el control mental y el corazón. No defiendo el Sado porque no tengo que defenderlo, es una práctica sexual sana y consentida actualmente. Y la libertad de consentimiento y obediencia también es igualdad de sexos, integración de género y la revuelta léxica que le quieras dar.

Para mí el cliché peligroso es la pereza. Esa es la enemiga. Y es verdaderamente reciente.

Soy inocente y no sé qué hacer con mi vida así que deseo que venga  uno de One Direction y me compre una casa al lado de Charlie Sheen. Que me viole después de un concierto y después se enamore perdidamente de mí.

¡Por Dios! lucha mujer! levántate y anda porque estás más parada que una señal de Stop. Y cuidado, señor escritor... escriba usted lo que le venga en gana, yo misma lo hago. La lástima es que la generación que nos lee se lo cree. Está convencida de que en el verdadero amor, el encanto viene de trajes caros, grandes conciertos y viajes en avión.

Y ahora es cuando defiendo el cliché más básico, el primero, el inicial, el que inspiró los primeros versos. El amor real. El que funciona a empujones y que no es más fácil cuan menos clásico ni vicebersa.  Yo misma caigo en la típica historia que hace al personaje preocuparse menos por el paro, la hipoteca y la subida del Euribor porque yo quiero disfrutar cuando leo. Quiero soñar que todo es posible y que cuando cierre el libro que tengo entre manos mi marido sea más guapo, más atento, más encantador porque me he vuelto a enamorar del amor. Para eso leo.

Y por eso escribo señores. Amo los clichés sanos. Los equilibrados. Mi novela tiene un título muy rosa, lo sé. Pero no se lo cambio porque no quiero. Ese es mi cliché, que lo rosa y lo actual van de la mano si tienen algo que enseñar.

...Por una cama de Princesa es una protesta, mi protesta por la inseguridad mental de la mujer en las relaciones de pareja. Por la entrega que roza el servicio, la dependencia que asfixia. La vida es dualidad. Mi novela es cliché porque habla del amor y no hay tema más usado en literatura. Reitero, es cliché porque la temática se ha utilizado en exceso.

Y aclaro, esta es mi reflexión sin censura y sin alusión. Lo malo no es escribir del amor, lo terrible es volver a las relaciones insanas y que sean la delicia de los lectores. ¿Vergüenza como mujer? No, en absulto, solo me aprietan las ganas por seguir luchando por mi cama de princesa. De seguir luchando por publicar mis historias y que cientos de mujeres puedan identificarse con ellas y por qué no, recurrir a ellas cuando pierdan la fe en sí mismas. Por eso existo, por eso escribo.

Abogo por un cliché que ha dejado de usarse:

por historias de amor saludables.

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