miércoles, 7 de agosto de 2013

ECHO DE MENOS TU PESO EN MI CAMA



Anoche volví a soñar con el corcel negro y recordé una de tantas veces en las que te pregunté lo de siempre.

  •           ¿Qué diferencia a un caballo de un corcel?
  •           El corcel es presto a la carrera Annita, siempre brioso y su carácter fulgurante y explosivo. No es más alto,  ni más bonito sino  indómito y libre por derecho de nacimiento – tras esa definición supe que pocos se encontrarían con una jaca en sus sueños. Miré hacia el mar recordando.


Mi bello corcel corría pateando el mar con  los cascos y la brisa salina con sus crines. Cierto era que el albedrío emanaba de la forma en la que su pelo negro azabache reflejaba la anaranjada iluminación del atardecer. Su cuerpo musculoso lo perfila como un arma perfecta para la lucha. Es fuerte y libre, es una utopía.



Y como siempre, como cada vez, el voluntarioso animal detiene su genio para mostrarme un  jinete descabalgado. El bebé rubio también lo acompaña hoy. Con sus deditos entrelazados con las largas crines de la cola del corcel camina divertido siguiendo su estela. Sonríe con las quejas del mar a su visita, que no para de salpicar  sal a su cara y sus ojos. Hoy no está vestido de azul sino que su viaje lo hace desnudito pero con esa sonrisa que te haría encontrarlo en los mismos abismos del océano. La libertad y la ingenuidad tiran de mí en tu dirección y yo confío crédula y cegada por los ecos del amor que no puede arrancar la enfermedad del olvido. Meto en mi bolsa otro puñado de piedras.


Sentada en los límites más occidentales del Mediterráneo  confundo la realidad con el sueño. Puedo tocar el firme pelaje del animal y el niño se acerca a por sus caramelos. Pienso, seriamente, que estoy próxima a enloquecer. La vida nos quita a cada uno lo que se le antoja. A ti te llevó un Hitler internacional, el exterminador de los más fuertes y el liberador de los débiles ¿Pensará el cáncer que es justo? ¿Harán todos los jueces justicia? Nunca, jamás. Me retuerce el alma recordar que lo sabías, tus advertencias y consejos. Siempre apostaste que no morirías de viejo.


  •           Annita, viajemos por el mundo. Vivimos sin nada pero vivamos reina mía.


Y así pasamos la vida en una pequeña caravana y en una cama estrecha que compartimos cada noche. Y cuando la vejez comenzó a enseñar sus uñas compramos una casita  a la orilla del mar. Un lugar alejado donde no llegaban los vigilantes de la playa, ni las duchas ni los chiringuitos. En raras ocasiones alguna que otra pareja de enamorados en busca de un rincón para su amor, solo entonces nos tocaba compartir. Lo suficientemente lejos para que durante la próxima década no se levantaran hoteles de hormigón camuflado de madera y pintura azul. No necesitábamos más tiempo.


Sigo bajando a la playa cada día y traigo conmigo esas piedras que dibujaste para mí, cada una con una letra escrita para contar con ellas mis recuerdos. Cargo en mi bolsa las que necesito y marcho a casa.


Cada día.


¿Sabes? He cambiado la cama de lugar en el dormitorio. Ahora está justo frente a la ventana para que el sol de la tarde te caliente la piel, recuerda que temprano en la mañana siempre tengo un poco de frío y rebusco al encuentro de tus pies. Aún así, cada día es más difícil estar sin ti. Podrías haberme dado una lista con mil guiones más para no echarte de menos y no habría sido suficiente. No hay letra que tape mis huecos. Quité tu silla de la mesita pequeña de la cocina pero aún te oigo preguntarme si he terminado o no el café que ya está frío sobre la mesa. Tiré todos los tapes grandes para acostumbrarme a cocinar solo para uno pero aún te dejo el chorizo de las lentejas y el mejor tocino en el puchero.  Saqué toda tu ropa del armario y la lleve a la beneficencia pero el armario huele a ti. Mi mente huele a ti ¡Maldita memoria caprichosa! Tengo esa pulserita que me regalaste pero no la necesito, siempre recuerdo donde encontrarte a pesar de que no pueda decir tu nombre.


Sé dónde estás.

En el mar.

Me pediste que te dejara en el mar.

  •           ¿Por qué yo no sueño con un caballo blanco como todo el mundo?
  •           Porque el caballo es fuerte y resistente pero el corcel es rápido e inconsciente. Olvida rápidamente y no tiene miedo a la batalla ni es perezoso para recorrer el mismo camino una y otra vez  – en estas conversaciones tu voz ya era perezosa.
  •           ¿Y por qué negro?
  •           Para que recuerdes que debes prepararte para lo peor.
  •          Ah… entiendo. Es por si te olvido, quieres que te recuerde rápido como un corcel y que venga a buscarte. Pero también quieres que esté preparada para aprender cada día que ya no estás.


Palabras sencillas que me dirigen a diario a un camino tortuoso. Un recuerdo lastrado en acero y hormigón que deja vacío tu lado de la cama. A ti te llevó un cáncer y a mí me mata a diario el olvido.  Te echo de menos ¡Cincuenta años abrazada a ti cada noche! ¿De verdad piensas que hay forma de que sobreviva así? Y por más que quieras mi caballo nunca muere ni trae un mal augurio sino que siempre me engaña y no se cansa de traerme esperanza, a mi edad ¡qué maldita gracia! ¡Dichoso sueño premonitorio! ¡Tráeme a mi sicario para que deje de dormir con  piedras!


Y me abrazo a ti. Con el paso de los días he llenado tu hueco en mi cama. Piedrecita a piedrecita había llenado tu lado con frases escritas en piedra. Frases que hoy son mi único recuerdo.  Dicen que cuando los enamorados duermen juntos siempre sobre un brazo. Tú siempre lo hacías a mi derecha, para que el brazo de más fuera el tuyo al abrazarme por la espalda cada noche.  Tus letras, una a una, hundían su peso en el colchón dibujando un perfil suave que no había logrado perfeccionar aún. Pero allí estabas, petrificado, difuminado, devolviéndome el calor del sol de la tarde mientras me abrazaba durante la noche al montón de piedras que eran tu legado.


Y es que echo de menos tu peso en el colchón. No recuerdo tu nombre. Olvidaste apuntármelo o quizás aún no encontré la piedra donde lo escribiste. Esta noche volveré a ver tu emisario en mis sueños, el bebé me entregará una piedra con la primera letra dibujada a cambio de un caramelo de limón. Con esa letra encontraré diez más en el suelo y sin querer reconstruiré una frase que nacerá de la inspiración más efímera y contenciosa. Cuando te ví, te lo conté.


  •           Esta  noche he vuelto a soñar con el negro corcel amor.
  •           ¿y qué ha ocurrido?
  •           Comenzó a entrar en el mar y nado hasta desaparecer.
  •           ¿Y el bebé?
  •           Como de costumbre venía agarrado  él y también entró al mar.
  •           ¿No te entregó ninguna piedra?
  •           No tuvo ocasión porque corrí tras de él para darle su caramelo.



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