domingo, 21 de julio de 2013

El Éxito, Amor.

Hoy he decidido salir a pasear. Tenía que pensar y no tener techo siempre me ha ayudado. Divago sobre el éxito amor, y es que no lo entiendo. ¿De qué hablamos?

De felicitaciones, de palmadas en la espalda, puñaladas envidiosas, satisfacción, premios, dinero ¿de qué hablamos, amor? ¿Cómo lo medimos?

Me felicitan en mi cumpleaños y odio ese día. Con avaricia y alevosía detesto que cuando la vela titila la próxima en tener la atención sea yo. Y todos esperan que soples, y que soples bien. Y si es una vela de broma que te rías y sigas soplando hasta que te tengas que sentar, y a alguien le de tanta pena que te traiga una copa de algo que se agarre al riñón y derive la consciencia. ¿Depende el éxito de que los abrazos que recibes sean sinceros?

Las palmadas en la espalda se traducen en “menos mal que eso no lo haces mal”, lo que no es para echarse a llorar, porque cuando eres grande, ya no se llora por todo amor. Solo por lo que escuece, a escondidas o cuando tienes la regla. También hay palmaditas de “no sé de lo que hablan pero…” “ah…  que escribes…”. El otro día la abuela le prohibió a tu prima leer nada que escriba yo, dice que ni las recetas de la tarta de chocolate y vino, que es muy pequeña. Sí, eso es éxito cielo, al menos no se le olvidó lo que leyó porque mi cumpleaños no lo ha aprendido en ocho años. Es más se olvida hasta de ti.  ¿Depende el éxito de la gente que no te olvida o de los que te recuerdan?.
Golpecito, golpecito, puñalada, lengüetazo. Golpecito, golpecito, puñalada, lengüetazo. 
Esa es la canción del sur retoño.
Río, río, golpeo y me relamo. Río, río, golpeo y me relamo. Si alguien le pusiera música y un “perrea, perrea” tendríamos la canción del verano. Estoy enfadada ¿se nota? Y cansada ¿te diste cuenta?

Juicios, valores, notas, zancadillas, opiniones y lenguas viperinas. Si en verdad quiero que el mundo sea más lindo cuando llegues debería empezar por ahorrar para un billete de ida a la Luna. ¡Qué desesperación amor!  Todo envuelto de emociones. Todo complejo. Retorcido. Maldito Feedback. Ansío poder imaginar el Partenón de la independencia, crear sin recortes ni respuestas. Sin esperar a cambio ¿qué? ¿una palmada?, ¿un voto? ¿una puñalada? ¿o una gracia cortante con una carita feliz al final? Nooo, si era broma. Esta mujer se desespera amor, y lanza mordidas a diestro y siniestro en el círculo seguro de la frialdad. Que los quiero morder pero no pruebo la sangre ¡frustración de conciencia!

Satisfacción. La única propuesta que trae la calma. La conciencia acallada con el cansancio propio del esfuerzo, del trabajo bien hecho. Esa, pequeño, es la única que pide silencio al corazón y consuela los puñados dolorosos. La plenitud de la consciencia única satisfecha. La individual e intransferible, lo que queda cuando todo lo demás es derribado.  No hay recortes de libertades ni ladrones que te arrebaten este beneficio que te es regalado con el alma. Equilibrio, balanza, …, el Ying y el Yang donde se enfrentan las perspectivas y las expectativas. Estaré aquí para enseñarte a mantenerla viva.

Premios. La gran bombilla social. Lo más ostentoso del éxito e indudablemente la única opción que queda sobre la chimenea. La que solo la perfección del Guante blanco puede arrebatarte. Es el hecho visible de que has cumplido con éxito las propuestas de los demás. Has respondido correctamente a una pregunta, has preparado la más elaborada y rebuscada respuesta o incluso has sido el único torpe en contestar. Poco importa si el polvo puede aferrarse a él y participar en su propia medida del éxito: el más grande, más alto, más bonito, más espectacular, más caro…. Premios, premios, premios. No hay mejor recompensa que el abrazo diario. No te preocupes, te lo recordaré. Te los daré.




Y en resumidas cuentas no hay mayor éxito que el equilibrio, la paz labrada con la satisfacción personal. Corazones repletos de abrazos y miradas que no necesitan palmear la espalda. No hay mayor éxito que sentir pasión por la vida. Sonreír al comprar el pan y llorar con el cine matinal. Dejar mover las caderas con melodías de mundos lejanos y entender el arte como el complejo lenguaje del corazón. Yo te enseñaré amor. Prometo que lo haré.

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