miércoles, 15 de mayo de 2013

Gritado


He decidido quien quiero ser de mayor

Al parecer lo tengo fácil, quiero ser yo misma, puliendo algún que otro rematillo, uno por aquí y otro por allí.

Menos miedosa o más valiente.
Más segura de mi misma o menos acomplejada.
Más sincera o menos hipócrita.
Más sensual o menos reprimida.
Más feliz o menos necesitada.
A fin de cuentas, un poquito mejor persona,
dejemos a la edad la perfección.
Dejemos al horizonte acumular objetivos  que rozan ambiciones.
No, espera, se me ocurren un montón de cosas más.

Por fin, quiero ser, una feliz mamá, una cariñosa esposa, una mujer inteligente y una escritora capaz. Quizás me falte tiempo para todo esto o, a lo mejor, hay un puñado de caminos que ya tengo andados. Este es mi consuelo, pues de cada uno de mis objetivos, algo tengo..

Quise ser Princesa y soy la Reina de mi casa.
Quise escribir algo y parimos Relatos+ 2012
Quise que me escucharan y me leen.
Quise que me quisieras y ahora nos queremos.
Quise terminar mi casa y tengo un hogar.
Quise ser madre y ahora ya sé lo que cuesta.

Ya hemos hablado tú y yo del equipaje, de las batallas,  de los trenes y del divino tiempo. Antes de eso reflexionamos sobre la necesidad y la dependencia sin olvidarnos de los principios para una vida digna. ¿Qué nos queda ahora?

Sincera y sorprendentemente, toda una vida por delante para caminarla, correrla, saltarla o rodearla. Llenarla de éxitos, de abrazos, de “te quieros” , de errores y de  gazapazos ¿qué sería de mi sin ellos? Solo Fati, sin la ma. Ni Hadha, ni Daniela, ni Eva, ni copón bendito. Como dice Mario Díaz  “Una vez quise ser alguien y acabé siendo yo mismo”

¡Gloria Bendita!
¿Quién no ha dicho esto alguna vez?
Ahora me toca a mí.

Y al final solo pido que me queden días para devolverle a la vida lo que da. En lo bueno y en lo malo, hasta que la muerte nos separe.

Hace trece meses aún lloraba desconsolada por los  huecos que la marcha de mi bebé me había dejado. Convencida de que nada los cubriría. No fue así y aunque ahora son dos los pozos en mi alma, sigo aquí y en pie, a pesar y en contra de todo. Gritando en voz alta de una vez lo que no le había confesado ni al sofá.

Tomando de la vida cada oportunidad. Y en los 29, una de la que estoy orgullosa es de volver atrás y recomponer lo que hacía una década que estaba roto. Mis SuperKeKas. Todas, incluso las espinas. ¿Qué rosa es la de mejor olor sino la de las espinas más afiladas?  He recuperado a mi Moni y con ella los recuerdos más tiernos de mi infancia. Tengo a mi Belén y a Mache que pese a las noches y la distancia jamás se dejan ni olvidan. Mi Noe, mi niña hecha madre, perenne como las hojas del roble más antiguo.


Los lazos de sangre que pese a los esfuerzos no pueden quebrarse, ni por irritación, ni por distancia ni por indiferencia. Porque estos lazos son tiernos y suaves por más que se tense el nudo. Y los que, desde un poco más lejos, escalan expuestos coronándose como ganadores de medallas al apoyo, al cariño y el apego.

Se quedan conmigo las almas que me crucé hace años y que aún se acuerdan ensalzando los bellos recuerdos. Otros que son nuevos y que sin conocer la calidez de su voz nos dejan caer preciosos consejos y abrazos entre bits y corriente alterna.

Los que pudiendo desaparecer y perderse optan por quedarse. Más allá de proyectos comunes nacen lazos de afecto y de amistad al nivel del compromiso (en el sentido más positivo de la palabra). Enhorabuena.

Quienes pudiendo estar encima de mí deciden quedarse a mi lado y compartir mi hombro. Pegadito el indeciso que preocupado por los juicios no sabe si ser amigo o enemigo. Si se queda o si se va. Volviendo siempre en el mejor momento, como el mejor turrón.

Amigos y hermanos, más o menos sabios. Uniones de sangre, de recuerdos, de aficiones, de afectos, cómplices de travesuras y compañeros de alegrías y fatigas. Todos ellos merecen alguna de estas palabras pues para ellos están escritas.

Quienes me han irritado, gracias por hacerme latir.
Quién me ha valorado gracias por mirar debajo de mi piel.
Quién no me recuerdan, gracias por olvidar mis defectos.
Quién me hirió, gracias por renovar mi sangre.
Quién me amó, gracias por compartir mi amor.
Quién me criticó, gracias por animarme a mejorar.
A quién me envidió, gracias por hacerme sentir tan importante, pero no lo merezco.
Y a quién me gritó que “sí lo merezco” (lo bueno y lo malo) mil veces gracias por dedicar a mi vida el momento justo para tenerme en cuenta.
Eh! Y a quienes estando lejos ha decidido volver, espero que me encuentren diferente. Mejor, claro. 

A todos ellos recuerdo a diario cuando flaqueo. Hoy he decidido convertiros en el centro de mis atenciones porque si yo merezco vuestro tiempo y vuestro reconocimiento, habéis ganado mi cielo en la tierra. Mis mejores deseos y mis sonrisas diarias. Es todo lo que tengo.

Aún así, espero mi tren ¿tú tienes tu tren? Ven y tomémoslo juntos.

… Y es que, estoy hecha, de pedacitos de ti… (Antonio Orozco)



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