miércoles, 10 de abril de 2013

DAME LA RAZÓN



La ansiedad es una enfermedad del siglo XX  ¿o del XXI?

En esas estamos. Pues según los abuelos cuentan cuando hay que sobrevivir al hambre se lucha lo suficiente para no tener tiempo de la autocompasión. Sin embargo, si hay algo que a nuestras generaciones les sobra es este real y escaso bien... y no porque abunde sino por el mal uso y/o empleo que le damos. ¡Ay! Afanada empleabilidad ¡qué enfermos de arrogancia nos has dejado! Ojo, qué mi tiempo es más importante, ¡No que lo es el mío! Ingenuidad la de los cultos que piensan que el tiempo de los menos sabios es el más empleado.

¿Qué por qué me importa tanto el tiempo? ¿Por qué diablos no te importa a ti? Diría yo. Pues viene a tratarse de un preciado regalo que me gustaría merecer ¿a ti no? Y que conste que no sé quién me lo ofrenda pero dicen por ahí, que es de bien nacido ser agradecido. En esas estoy.  ¿Acaso no es este un buen uso? Pasar las horas reflexionando sobre lo que reflexiono, y que conste que la redundancia ahora suena redundante pero no lo es. Y, tentando, te digo que la reflexión es lo que tiene. Redundar. ¡Ay, que redundo más!

Y a fin de cuentas me diréis que cada uno hace con su tiempo lo que le da la realísima gana. Buena razón que lleváis y yo que la comparto pero con algo remato: no es cuestión de pasarlo sino de aprovecharlo, usarlo, emplearlo ¡ pero no mirarlo! ¿Es que no te das cuenta? Mirar el tiempo correr es dejar la vida pasar. Reflexiona lo suficiente para pensar, piensa lo necesario para sentir y siente hasta el punto de escribir, vivir o sonreír. ¡Pero no mires el tiempo pasar!

Que no insistas, que ya sé que tiene su encanto mirar pasar el minuto que jamás volverá a contarse. El increíble misterio del segundo que a pesar de girar siempre en el mismo reloj cada vez es único, distinto. No te embobes que me da pavor. Es cuestión de prioridades… ¿qué no lo entiendes? Vamos a probar con un ejemplo: cierra los ojos (cuando termines el párrafo, no me seas…)  y piensa en la persona que más amas en el mundo. Ahora dibuja en su rostro su mejor sonrisa e imagina que mueve sus labios para decirte en silencio “te amo” mientras tú te dejas hipnotizar por las manillas del reloj. Y no lo has visto, te lo has perdido y sin saber que te aman, duermes con tu bonito reloj sobre la almohada el resto de tu vida. Ahora, hazlo ahora.

Si todavía piensas que con esta reflexión soy yo la que pierde el tiempo, recuérdame la próxima vez que mires tu muñeca, y tan solo por una vez, dame la razón.

Ya, ya… ya viene la puntillita de la historia y te preguntas por qué empecé hablando de la ansiedad. Pues porque es precisamente lo que siento cuando mi tiempo pasa sin escribirse en ningún lado, mientras la vida se me escapa entre los dedos.

¿Y tú? ¿qué sientes tú?.

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