miércoles, 20 de marzo de 2013

Sin rostro, sin voz.


Ayynn... estoy totalmente enfrascada con la historia de Wattpad y esto está un poco abandonado, lo sé. Pero es que mis dedos no dan más de sí. Pero os voy a dejar algo por aquí, no soy muy partidaria de los pedacitos pero si de compartir retazos. Y aquí va uno de ellos. Uno calentito por cierto. 


Me desperecé con un caliente aliento detrás de mi oreja. ¡Cómo lo había echado de menos!. Mi espalda pegajosa por el calor que desprende su cuerpo y el posesivo toque de su enorme mano en mi cadera. Mi cabeza delicadamente apoyada en su antebrazo y en mi nuca el suspiro de su respiración. Ya sabía cómo iba a acabar esto. Los empujes de su cadera en mi trasero eran el más melodioso reclamo para mí.

Había aprendido a disfrutar de estos momentos con las limitaciones habituales, así que desistí de abrir mis ojos y exorbité mis demás sentidos para sacar el mayor partido a la extraña disfunción de mi cerebro. El tacto de su piel suave y firme, morena en mi mente. Su olor limpio y enormemente varonil, más allá que embriagador, más allá de la sensualidad, un elixir creado exclusivamente para mi deleite. Y de su boca tan solo escapan gemidos, gruñidos y profundas respiraciones que me excitaban en silencio, encendiendo lumbres en el hielo. En mi estómago el vacío cotidiano de su voz y su rostro, la mala jugada de mi mente traicionera y esquiva. Castigadora.

Durante los últimos dos años había despertado con este hombre en incontables ocasiones, no a diario pero si frecuentemente. Tanto que sentía su ausencia como una carencia, una necesidad. Ahora lo tenía aquí y solo tenía que dejarme llevar.

Los envistes de sus caderas se incrementaban mientras deslizaba su mano desde ascendiendo desde mi cadera, por debajo de la camiseta hasta mi pecho, apretando pellizcando y masajeando allá por donde pasaba.  Toda mi atención en sus manos que se cerraban acercándome más a su pecho y clavándome su erección matutina en la parte más baja de espalda. ¡Oh cielo! Reconocía a la perfección cada uno de sus movimientos y la anticipación me mataba, deliciosa. Más cerca  ahora, su aliento no rozaba mi nuca sino que penetraba en mi oreja y convertía el ritmo de su respiración en un impulso sexual y eléctrico directo y feroz mientras arañaba con sus dientes ese epicentro del placer para mí, la piel fusto delante de mi oreja. La sensación fría de la contracción de mis músculos desde mi rostro hasta los dedos de las piel daba paso a un sunami de calor abrumador que acababa en el baile antiguo de mis caderas empujando hacia atrás en su busca. Suspiros y quejidos se derraman en una espiral hambrienta.

Sé que si me doy la vuelta desaparecerá, como cada noche. Opto por entrelazar mis dedos entre los suyos con la firme intención de sujetarlo aquí, en mi cama. Su complicidad me divierte. Llevo sus dedos a mi boca y valiente por la falta de inhibición  de la desvergüenza, voy besando sensualmente cada uno de ellos. Con esfuerzo sujeto mi lengua dentro de mi boca, me muero por lamerlo, chuparlo… la perversión con un desconocido puede ser sencilla. También puede ser solo aparente.

Cambio mis labios por mis dientes e introduzco su dedo corazón profundamente en mi boca con cuidado de no rozarlo con los labios o la legua. Un sabroso juego para ambos. Dejo que su yema se encienda con el fuego que se escapa de mis pulmones para después cerrar los dientes sobre él y deslizarlos a lo largo de toda su longitud, en una aguda advertencia de la pasión que estaba por desatar. En mi espalda, su pecho ha dejado de moverse y me siento poderosa, una diosa capaz de contener el aliento del perfecto hombre que he creado para mí. Algo vanidosa también, por qué no reconocerlo. Por qué no disfrutar de ello.

Cuando libero su dedo también suelto el agarre en su pecho y toda su contención. En un segundo está encima de mí cubriendo mi boca con la suya y obrando su poderosa magia sobre mí. Sus besos tienen el más puro sabor a hombre, al gozo más sexual que una mujer puede imaginar porque… los sueños, sueños son.

Lo devoro y me devora, su lengua es una gruesa serpiente en mi boca. Me envuelve, se retuerce, me acaricia y me promete tantas cosas. En expertos movimientos, libres de cualquier indecisión, timidez o precaución se coloca entre mis piernas abriéndolas con sus rodillas sin delicadeza alguna. No la quiero a esta, no la necesito. Lo necesito a él. Sus minutos, sus segundos. Su piel entre mis dedos para apretar sus músculos y gritarle al cielo que ardo, que me quemo. Empujo confiada mis caderas hacia arriba sabiendo que sus promesas de hundirse en mi están ahí cada noche y maldigo la certeza de que los fuegos serán contenidos, nunca controlados. Jamás extinguidos. Encuentros juveniles mal apagados con un maravilloso hombre sin rostro que en los últimos años ha puesto el listón demasiado alto para cualquier hombre terrenal.

Sin detenerme demasiado en la frustración por venir me dejo ser… subyugada en un ritual de sensualidad con mi ángel caído del que no me quiero salvar…

-        OH…. Joder!! – he vuelto a quedarme dormida, en el despertador, M-Clan y su Ritual han complicado mis sueños, más aún, si fuera posible. Debería sentirme insatisfecha por la ronda de sexo sin concluir pero sin embargo, no puedo más que  conformarme con lo que mis sueños me dan.

Me niego a darme una ducha fría, prefiero mantener el calor sobre mi piel y hacer mi día más llevadero. Necesito algo de sexo ¡Ya! Me grito interiormente. Desde abajo….

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