viernes, 15 de marzo de 2013

Ironías

Yo pensando que me echabas de menos y ahora resulta que me echas de más.

Pues sí señor, eso es lo que hay. Que las apariencias engañan por temprano que te levantes y encima, el error no es cosa de un solo día. Los bruces se estrellan cada mañana, repetidamente, reiteradamente, insistentemente y todo lo terminado en mente que sea isisten...te. Dejémoslo aquí.

Las novedades estas mañana hablaban de posibilidades y de huecos. Si, básicamente  en la probabilidad de que los huecos sean tapados, y de no ser así, el reclamo al alba para hacerlo ipso facto.

 - Que no te echo de menos, digo, es más bien que prefiero, a poder ser, no ir solo -

La velocidad de razonamiento ante las necesidades no cubiertas se traduce en capacidad de reacción. Sí señor, muy compasivo el término. Esta, señores, es la diferencia entre pasar la  mañana fuera con tu pareja o acompañarla a algún lugar. Al más puro estilo lazarillo, con travesuras, queso, vino y todo. Bien pareciera que al autor lo habían dejado plantado esa misma mañana, emperifollado y tras la puerta por la injusta revelación de que los huecos habrían sido cubiertos en los segundos anteriores a la salida de la vivienda. Por otro, claro está.  Pues en estos casos de notorio abandono, bien merece enmarcarse en delicadas terminologías y sujetarse al salvavidas de la ironía que gritar a la puerta lo que piensas. Más que nada porque es la que se queda, que el que tiene orejas va enfrascado en una conversación tan amena y absorbente que ha olvidado el beso que no te perdonó ayer, o la sonrisa enamorada que has echado de menos.

Claro, normal... si no me echas de menos, que resulta que me echas de más. Que torpe que soy a veces.

Pero bueno tú no te enfades que en estos días soy tan mala, tan egoísta, tan fuerte, tan insensible, tan indiferente, tan despreocupada y tan poco mujer que a veces se me escurre el sarcasmo. Pero solo un poco.

Aunque... si dejaste de leer sería una lástima, ciertamente. Porque es ahora cuando viene lo mejor.

¿Sabes que hice cuándo te largaste? Pues hice lo que toda mujer debe hacer.

Cerré la puerta y sonreí porque habías sido libre de salir. Cuando vuelvas serás un poco más feliz y será más bonito estar juntos. Puse bien alta la música que no te gusta escuchar y he destrozado mi garganta a la par que un par de lindas canciones. He abierto ventanas y balcones y he vuelto a dar las gracias por vivir en el campo mientras destrozaba otro par de bonitos temas, cuyo inglés domino a la perfección, por cierto. Algún día las cantaré para tí. He pasado la mopa y toda esa sarta de sencillas tareas que hacemos a diario sin que os deis cuenta y en un pis pas estaba enroscada en mi sofá, abrazada a la estufa y rascando alguna que otra cabrilla en las piernas. He leído, he escrito e incluso he dibujado un rato.

Y ahora, no me siento abandonada sino estúpida, realmente inútil, incompetente como mujer y como persona ¿Qué por qué? ¿En serio me lo preguntas? Pues claro que lo haces, la intuición no es tu fuerte y te quiero así, qué le voy a hacer.

Sabes que ocurre, que a veces me olvido de que existo... si eso es lo que quiero decir. A veces olvido que me necesito para tapar mis propios agujeros y que tú eres libre de hacer con tus huequitos lo que te venga realmente en gana y aunque las palabras no sean melodiosas, ni rimen y lleven en ellas las cadencia que me caracterizan, sé que te llegan más altas y más claras así, tal cual.

Y es que, eso es lo que a mí me pasa, ese es el "talón de Aquiles" de la superheroína de tu casa, Te tienes que ir para que sepa que necesitaba estar un rato a solas. Que me necesito a mí misma. Y el enfado me dura solo un ratito, uno chiquitito.

Solo hasta darme cuenta de que no te quiero menos cuando también te echo de más.

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