miércoles, 6 de febrero de 2013

1000 veces Volver.


Bueno, el momento ha llegado. No era de extrañar.
1000 veces volveré si son 1000 veces las que me pierdo. 
1000 veces retornará el Ave Fénix si 1000 veces desaparece entre las llamas.

Me he equivocado de terapia y no hay en el mundo error que no se pague, retribución que quede a deber al cierre del trimestre. Esto es lo que ocurre con los sentimientos porque señores y señoras, a ellos no se les puede engañar. No los puedes cambiar de alforja, dejándolos enmarañados y confusos y esperar que no exijan tu atención con infernales aullidos.

La verdad, no sé si tenemos alma y francamente, no es mi responsabilidad encontrar una respuesta para esto. Lo que si sé que dentro de cada persona, en su esencia o en la autovía de sinapsis y contra-sinapsis de nuestro cerebro, la confusión y el adormecimiento de los sentimientos aletarga el razonamiento.

"El Grito" Edvard Munch
Y ahora me pregunto: si en el desarrollo evolutivo, los sentimientos aparecieron antes que el razonamiento y el análisis ¿por qué nos empeñamos en racionalizar lo que sentimos? Quizás porque pensamos demasiado, se me ocurre.

A fin de cuentas, me olvidé de mis sentimientos y me sumergí en la emoción de escribir y en pocas semanas me he quedado vacía porque son mis emociones las que mueven mi mano, sobre el papel o el teclado. Jamás podría haber escrito nada sin ti, sin mi confidente. Perdóname por haberte dejado a un lado y permíteme volver al sendero, libera mi vereda  y cuida mi camino. Tu hija pródiga quiere volver. 

Aquí, servidora, necesita reconocer que se ha quedado vacía y quiere gritar satisfecha porque esta vigésimo sexta vez, se ha dado cuenta antes de cambiar de continente literal, antes de caer del todo, antes de ver sangrar mis rodillas.

No es momento de llorar amores perdídos porque yo lo que necesito ahora es caminar hacia delante y disfrutar el mío. No puedo anhelar lo que tengo e idealizar lo que sería. No es momento para Daniela. No es momento para Ramón ni para Roberto. Es el momento de Fátima y es el momento de Anguie. Es una suerte poder escribir lo que soy capaz de decirme. Escribirte es uno de los regalos que me ha dado la vida.

CUANDO ESCRIBIR ROBA MI TIEMPO DE VIVIR ES QUE NO TENGO NADA QUE CONTAR.



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