sábado, 9 de junio de 2012

Yo soy tu destino

Las palabras que hoy me atan, serán las únicas capaces de liberarme mañana.


- Buenos días Daniela!!- que bien sonaba mi nombre en sus labios - ¿has tenido problemas en casa por lo de anoche?-
- No, no te preocupes, no ha pasado nada. Amy no se ha chivado y nadie se dio cuenta de que llegué pasada la hora.
- Bien, me alegro. Estaba preocupado pensando que quizás te habría causado algún problema en casa... - de pronto guardó silencio, juraría que iba a decir algo pero se contuvo en el último segundo. Mejor así, tan solo recordar sus palabras de ayer o pensar en que quizás las repita me hacía encenderme de nuevo.
- Creo que me equivoqué. - soltó de pronto, no puede evitar girarme y mirarle a la cara intrigada por su declaración.
-¿ A qué te refieres? - le pregunté, posiblemente asustada por su determinación.
- He estado pensando y quizás  he malinterpretado tu manera de actuar conmigo. -

Podía comprender sus dudas, él me había abierto sus sentimientos y yo no le había dicho nada sobre mí.

- Cuando te dije ayer eso... pues... que quiero pasar más tiempo contigo... porque... ya sabes... - nunca lo había visto así de nervioso, ni siquiera anoche. - No debí hacerlo, ¡lo siento! - sentenció con gesto firme.

Se me escaparon las palabras sin pensarlas, nada raro en mí; -¿ Te has arrepentido o es que acaso no era cierto? - pregunté molesta. Miles de ideas golpeaban mi cabeza, ya sabía que esto pasaría, solo era una estratagema para que me quedara con él en su cuarto y a saber qué más. Una pena enorme me oprimió el pecho, habría hecho bien en protegerme de sus palabras, era como todos.

Escondida en mi mundo y en el lazo que habían hecho los dedos de mis manos no me dí cuenta de su rostro tierno mirandome con media sonrisa burlona ante mis frustración. Usó dos dedos de su mano para levantar mi barbilla y obligarme a encontrarme de nuevo con él. Ahora podía saber cómo me estaba mirando mientras sufría, porque aún lo seguía haciendo.

- No me he arrepentido Daniela, bajo ningún concepto voy a ocultar ni a negar que estoy enamorado de ti en una medida incalculable que ni yo mismo me explico... lo que pasa es que yo pensé que tú sentías algo por mí y es ahí donde creo que me he equivocado.

- ¿ Por qué has pensado así? quiero decir... ¿por qué piensas que estás equivocado? - pregunté haciéndome bastante la tonta.

- Dani - me dijo sonriendo mientras suavemente acariciaba mi mejilla, por cierto, húmeda la última vez que la vió - saliste corriendo de mi casa-. Cierto, pensé. - Caminaste 8 kilómetros de noche hasta llegar al bosque y desapareciste. Solo he podido dormir algo porque te vi entrar en casa pasadas las 2 de la madrugada.

Me quedé sin palabras, no me había dado cuenta de que estaba allí y no se me ocurrió que me siguiera. La verdad tampoco pensé en ningún momento que todo esto podía ser difícil para él también. Nunca me había puesto e su lugar. Solo alcancé a decir tonterías e idioteces en lo que quedaba de día.

- Verás yo...
- No necesito que me digas nada más - me interrumpió. Menos mal, no sabía qué decirle, pero él sí.- Sólo he venido a despedirme de tí -.

Me olvidé de respirar y un dolor tan fuerte me presionó el pecho que sentí como si una garra me arrancara el alma en un zarpazo lento y doloroso, tragué saliva y por si acaso, alcé mi muro de nuevo repitiendo viejos errores.

- Por mí como si te vas a Rusia. Eres libre de ir a dónde quieras, ya te dije que no me gustan las ataduras, y tampoco las quiero para tí. Ayer me fuí porque me daba pena decirte que yo no siento nada por tí. Eres divertido y muy guapo pero no quiero estar contigo. Yo no soy de esas - acabé susurrando.

El silencio tras mis duras palabras se mantuvo un par de minutos que para mí fueron horas intentando no ceder y pensando en el daño que le había hecho, sin caer en la cuenta del que me hacía a mí misma.

- Entonces, si tan poco significo para tí... ¿por qué estás llorando como una niña pequeña? - su pregunta me dejó congelada. Pero mi reacción le dejó congelado a él, bueno esto es un decir, hay fríos que queman.

Me lancé a sus brazos y le besé como no he besado a nadie en la vida. No existen palabras en este mundo capaz de expresar cómo sentí aquel primer beso con Yoel. Sus labios gruesos y carnosos se fundían con los mios de una forma asfixiante. Lo besé con necesidad, con pasión. Le agarré del pelo para que no me soltara jamás, intentando y luchando para que este momento no acabara. No recuerdo qué pensaba mientras le besaba, en realidad no creo que pensara en nada. A pesar de estar en mi forma humana, mis sentidos se activaron y mis sensaciones alcanzaron niveles inimaginables. Su cuerpo junto al mío establecieron su propio clima y la temperatura subió de forma alarmante. Dejé de besarle solo para mirarle a los ojos y decirle... no, no pude decir nada. Mantuvo mi mirada durante algunos segundos  y me acunó sobre su pecho mientras jadeántes intentábamos recobrar nuestra respiración y la voluntad de nuestros actos. Allí, en el mismo cielo, escuchaba los latidos de su corazón: bum, bum , bum ... aún mas rápidos y necesitados que los míos. Comencé a colocar cada cosa en su lugar...

- No!! esto no puede ser!! Es imposible!!
- Daniela para ya!! No todo necesita una explicación. Yo no voy a hacerte daño, deja de luchar en contra de lo que sientes y déjame amarte porque te necesito más que al aire que respiro. YO SOY TU DESTINO.

Pero... ¿cómo podía decirme eso? No sabía lo que decía. Yo no tenía futuro solo días que se seguían unos a otros. Una oleada de pena y otra de furia me golpearon, las capee como pude.

- Tú no sabes nada mi Yoel..  ¿qué puedes hacer tú en mi destino?! nada, Yoel. No creas que puedes decidir sobre mi porque nos hayamos besado porque mi destino solo lo escribo yo ( y ya lo había hecho) -. Ahora me avergüenzo pero, de nuevo, había vuelto a ofender y maltratar a la persona que más había amado  en mi vida, es más, a la única que había amado así en mi vida.

A pesar de ello me fue a besar en la frente y yo me aparté de su lado con un gesto brusco.

- Sé que estás pasando por un momento muy difícil para ti y puedo imaginar tu confusión, pero ahora... ahora que sé que tú sí sientes algo por mí, voy a ser paciente. Esperaré por tí el tiempo que sea necesario.

Su gesto, sus ojos reflejaban un gran dolor cuando mirando hacia el bosque sobre mi cabeza dijo algo más... - pero, hay cosas que el amor más grande sí que puede cambiar. Quizás con más motivo aún debo irme, este camino debes recorrerlo sola -. Confundida por sus palabras busqué su mirada y adiviné lo que en unos segundos sería una amplia sonrisa mientras me levantaba del suelo por la cintura y giraba sobre nuestra posición en contra de mi voluntad. Lo dejé disfrutar compartiendo su alegría hasta que decidió devolverme al suelo. Me soltó y me hipnotizó de nuevo -Saber que me necesitas tanto como yo a tí me hará el viaje mucho menos doloroso-. Me quedé allí con él, disfrutándolo y sin decir nada. Esta boca mia tenía la mala costumbre de decir lo contrario a lo que deseaba, y Yoel no se merecía más daño hoy.

Ante esta nube de declaraciones, promesas y verdades que me habían desarmado mi perfecto, estrucuturado y seguro mundo de emociones controladas solo acerté a preguntar:

-¿cuándo volverás?
- Sólo cuando tú estés lista para luchar conmigo. Sólo entonces podré volver porque sólo entonces podrás creer todo lo que tengo que contarte.
- Yoel... ¿ por qué estás tan seguro de todo? a veces hablas como si tuvieras todas las respuestas y me desconciertas. No, más bien me hace entrar en cólera sentir que tienes más control sobre mi vida que yo misma -
- Daniela, puedes confiar en mí - me abrazó con fuerza.
- Es muy difícil lo que me pides, especialmente para mí - levanté la mirada para que comprendiera mi duda pero en sus ojos vi la certeza de sus palabras y la oportunidad que me brindaba - Lo voy a hacer Yoel, voy a confiar en tí. Volvimos a besamos perfeccionando el particular idioma de los besos en los enamorados.

Tras esta conversación me sentía aturdida. Nos sentamos uno junto a otro cogidos de la mano. Quise mirarle de nuevo a los ojos de nuevo y pedirle que no se fuera, que lo amaba. Pero no estaba preparada. Mi  gran paso de hoy había sido abrirme a él y demostrarle mis sentimientos confiando además ciegamente en sus palabras. Decir que lo amaba en voz alta y que se había convertido en mi mayor debilidad era aún demasiado difícil. Hablamos durante largo rato allí sentados apretando nuestras manos y compartiendo el calor. Hablamos sobre él y sobre mí. En los que habíamos hecho a lo largo del día y algo sobre nuestros gustos y nuestras aficiones sin poder evitar la sensación de conocernos desde hace años. En Yoel, todo me parecía sorprendente y familiar a la vez.

Tras unos segundos de silencio, se acercó  y me besó en la frente de nuevo, con tal intensidad que pude sentir su dolor en mi piel. El dolor por su partida. Darme cuenta de que había llegado el momento de perderlo volvió a girar el mundo bajo mis pies. Todo comenzó a dar vueltas y sin saber cómo ni por qué, mi consciencia y yo nos separamos. Una parte de mí se fue con él. Esa fue la última vez que vía a Yoel y el primer día del resto de mi vida.




















Me gusta

Entrada destacada

Lo que acertó Julio Verne. Yo leo romántica.

   Anoche terminé de leer Cinco días para enamorase de Marta Lobo. Cinco mujeres con más ovarios que epiteliales. Y he pasado la noche ...