martes, 12 de junio de 2012

No cedo pero te quiero

Hoy es un día de esos en los que me siento fuerte y valiente, y por eso voy a compartir con vosotros algo importante para mí. Aquí os va un fragmento de "Sobrevivir entre leyendas". Una novela de amor, rarezas y desastres que me roba el sueño.

De nuevo volví a casa desde las clases y al pasar junto al bosque allí estaba él. Mirándome con esos ojos tristes de gatito herido rogando un poco de atención.

- cualquier día te vas a enfermar por estar tanto tiempo al sol
- cualquier cosa por tí, ya lo sabes -. Por descontado, me había vuelto a sonrojar. Lo necesitaba, necesitaba encontrarlo aquí cada día para sentirme tan querida y notar el cariño en su mirada. Siempre me he sentido querida en cierto modo, pero esto es diferente, es un cariño y una admiración a la que ni el corazón más duro puede negarse.
- ¿qué tal la mañana? - continuó.
- como siempre, aburrida. excepto cuando la profesora de biología a comenzado a hablar sola y a gritar furiosa porque alguien había dejado la puerta de clase abierta. La verdad es que ha sido un poco raro pero bastante divertido - sonrío, como siempre.
- si, parece divertido... - es una opinión algo escueta para lo que me tiene acostumbrada.
- y tú.. ¿qué tal? - parece algo triste hoy.
- bueno, en realidad no he tenido una buena mañana, ha sido algo complicada -
-¿qué ha ocurrido?
- problemas con los compañeros - no podía negarme que estaba algo nervioso, ahora al menos sabía por qué.
- puedo ayudarte?? - pregunte, en verdad quería hacerlo.
me miro directamente a los ojos y me parecía ver que alzaba su mano hacia mi rostro pero al final no llegó
- ya me ayudas estando aquí conmigo -.
- ok pero creo que estas sacando demasiado partido a tu comodín de gatito herido, te estás mal acostumbrando chico - muy bien, había conseguido sacarle de nuevo una sonrisa, esto se me daba muy bien. respondí a su sonrisa y volví a quedarme algo imnotizada por la enfusividad de su mirada. Me encanta.

Caminamos juntos dando un gran rodeo hasta casa como era costumbre en las últimos días. continuamos haciéndonos bromas y logrando que los minutos pasaran como segundos entre nosotros y de pronto, me cogió la mano. Me quedé paralizada solo por un segundo, y al siguiente, me parecía lo más natural y maravilloso del mundo. Paseaba con él de la mano y me sentía realmente bien, completa e incluso orgullosa de él y de su compañía.

Con su dedo pulgar acariciaba mi mano al mismo ritmo que latía mi corazón. Me provocó curiosidad cómo lo conseguía pero me dejé llever y solo disfruté de su compañía y de sus caricias. Joel no paraba de ofrecerme cariño y me estaba acostumbrando a él.


Pasear con Yoel de la mano me parecía algo tan extraño como cómodo. Incluso me costaba recordar cómo era pasear juntos con nuestras manos separadas. Disfrutamos juntos hasta llegar a casa. Yoel se colocó delante de mí y esperé el amago de caricia al que estaba acostumbrada. Pero esta vez su mano sí subió hasta mi mejilla sin detenerse. Su palma derecha se colocó a solo dos centímetros de mi piel y pude sentir su calor y las chispas que saltaban pidiéndome que me acercara un poco más a ella. Subí mi mirada, hasta ahora despistada a la altura de su pecho, me encontré con la suya y mi cuerpo resolvió la distancia entre nosotros sin pedirme permiso. Mi cabeza se inclinó hasta su mano y su trato no pudo ser más  cálido ni más maravilloso de lo que había soñado nunca. Es desesperante buscar las palabras para estas sensaciones, ninguna de ellas puede mostrar la realidad con justicia. Puede que no se trate de sensaciones que se puedan expresar o comprender, quizás solo se puedan sentir o recordar.

Mi rostro se meció en su mano hasta que noté el profundo olor de su mano cerca de mi boca. Su olor se transformó en deseo. Deseo por estar tan cerca de él como pueden estarlo un hombre y una mujer. Una oleada de calor me inundó desde la boca del estómago hasta las extremidades y mi corazón palpitaba intensamente, hasta sentir como la sangre golpeaba mi rostro empujándome hacia él.

Cerré los ojos concentrándome en su tacto. En cómo su caricia me estaba haciando desvocarme y solo los abrí cuando su mano se deslizó hacia abajo buscando mi cuello. El calor en mí aumentaba según su mano descendía hacia mi espalda. Diez segundos que me parecieron horas. Cada segundo notaba más calor. La situación se volvía incontrolable para mí.

Su mano se detuvo al final de mi espalda y volví a encontrar sus ojos en busca de una explicación. Me miraba con deseo. Con un deseo solo comparable al que él podría ver en mis ojos. Le sonreí y me devolvió un poco más  enfusiba. Podía sentir que estaba feliz por tenerme así. ¿Por qué no me besaba de una vez? Debió notar la confusión en mi rostro porque sonrió de nuevo mordiéndose ese labio carnoso y suave que estaba deseando probar de nuevo.

Presionó la mano que había colocado en mi espalda y dejé que me acercara a su pecho. Notarlo aún más cerca es... indescriptible. La falta de distancia logró su cometido y mirándolo atisvé su picardía al darse cuenta de que mi deseo era la travesura que el gatito herido había obrado sin darme cuenta.

Provocando que me besara me estiracé un poco. Alcanzar esos labios me estaba haciendo arden en mi propia piel. Siguió sonrienda y allí encontré mi tope. Estaba jugando conmigo e iba a presentar formalamente mi queja. Herida por su juego reuní fuerzas para alejarme de él y esto lo disparó.

Todas mis quejas y mi enojo desaparecieron al contacto con su piel. Dejó de vercer el deseo para que llegara la necesidad del otro.  Así le besé, con necesidad de él y así mismo me respondío. Su lengua, mi lengua, sus labios, mis labios, todos ellos se entremezclaron encajando de una forma tan perfecta que pensar en ello me trasporta a ese mismo instante con la misma intensidad. La nueva necesidad era reducir aún más la distancia entre nosostros.

No sé cuánto tiempo había pasado cuando Yoel decidió  cambiar el ritmo de nuestro beso sin restarle intensidad. Separamos nuestros  rostros solo para observarnos y lo que ví, me encantó. Debía estar totalmente enamorada porque al mirar su cara me parecía un sueño. Un recuerdo agradable, familiar y precioso. No puedo saber qué sentía Yoel, pero podría jurar que sentía algo semejante. Con su mirada buscaba algo dentro de mí: la eternidad. Lo mismo que yo buscaba en los suyos.

Lo beso de nuevo con cariño sintiéndome tan feliz que debía tener cara de tonta. Abre la boca como si fuera a decir algo pero acaba besándome en la frente, un beso fuerte e interminable que me deja demasiado tiempo para pensar ¿qué iba a decirme?.

Dejó sus labios marcados en mi frente para acurrucuarse en mi hombro y esconder su rostro en el colchón formado por mi cuello y mi clavícula ¡Oh! esto me dejaba aún más tiempo para pensar, ¿qué está ocurriendo?.

Mi percepción del tiempo últimamente estaba dejando bastante que desear pero... creo que estuvo allí al menos 5 minutos. No quise despertarme de este sueño, quise quedarme allí para él, para siempre. Evité moverme tanto, que mis músculos empezaron a entumecerse así que me dio tiempo de concentrarme en él. Los latidos de su corazón se desbocaban:  tun,   tun,  tun... tun,tun,tun,tun,tun... Algo debía estar atormentándolo por dentro porque no podía controlarse. Lo mismo se desbocaba que volvía a su ser, así se mantuvo todo el rato. ¿Estaría arrepentido de lo que acababa de ocurrir? ¿había sido demasiado... algo? ¿habría hecho algo mal? Todo esto me estaba preocupando bastante.

De pronto ocurrió lo inesperado. Por fin Yoel salió de su escondite, relativamente. Evitando mirarme a la cara me dijo:

- Eh... Dani... yo -
- ¡Por Dios Yoel, dí algo de una vez!- estaba preocupada y era muy fácil sacarme de mis casillas en este estado
- Te veo mañana- sentenció.

Me dejó con la boca abierta y mi postura compuesta esperando cualquier explicación más allá de su sentencia, pero nada. Allí estaba yo, viendo cómo se iba por dirección contraria a la de otros días y a una velocidad de vértigo. El tiempo volvió a su ritmo normal y me entró el pánico.

- !Algo he hecho mal! lo he estropeado todo! - seguí pensando para mí. Él también quería besarme, lo he sentido, ¿qué ha ocurrido? ¡no lo entiendo! ¿por qué se ha ido?.

Anonadada y confusa, no sabría definir con exactitud cómo me quedé allí de pie, mirándolo ir. Además caminaba hacia el bosque así que no podría esconderme allí. No me quedaba más opción que ir a casa.
Aceleré el paso y estuve en casa en un pis-pas. Intenté sujetas mis emociones hasta llegar a mi dormitorio y que nadie en casa notara mis rarezas. Al llegar a él, todo se volvió gris. Como era costumbre en mí logré convertir la pena y las ganas de llorar y rabia y reacción. Hablaba sola:

- Este tío es imbécil ¿qué se ha creido? Juega conmigo a "te beso- no te beso" y una vez que lo hace se queda encasquillado, bloqueado y se marcha sin decirme nada. ¿Y qué quieres que te diga Daniela? (a mí misma) - tía, lo siento besas fatal y no salgo a correr porque me duelen los pies. O. - lo siento, pensé que podría jugar más tiempo contigo, has sido demasiado fácil, Chao Bambina!

Para conseguir que mi mundo siguiera tal cual estaba antes de que Yoel apareciera lo convertí en un idiota que me había tomado el pelo como tantos. Algo que aparcar  y de lo que aprender para que no se volviera a repetir. Confiar en Yoel había sido un error. Un error más para mi cajón de  meteduras de pata. Como siempre, voy a seguir hacia delante porque ningún chico guapo y delicioso (podía corroborarlo) iba a convertir mis días en algo oscuro. No volveré a verlo. Mañana pediré a mi hermano que me recoja en la universidad, seguro que puedo hacer algo a cambio para que no ponga muchas pegas. Entre sollozos, rabia, cansancio y mi muy mullidita cama ne quedé dormida pensando en que no volvería a ver a Yoel, y por supuesto, no volvería a estar a su merced. Me había hecho sentirme mal y no iba a permitir que volviera a hacerlo.



Al verlo marchar, mi orgullo de mujer me había gritado ofendido. No está bien depender de los ojos de un hombre para terminar bien mis días. Antes de llegar este magnífico príncipe en su caballo yo me bastaba solita para hacer de cada día el mejor posible, con o sin ojos tiernos. Mi muralla se derriba. Siento miedo. Si mi muralla cae me convertiré en la loba tonta y acomplejada que fue mi madre. Yo soy una loba que debe cuidar de si misma, no me queda tiempo para boberías.

siento miedo al sentirme tan débil ante él, y eso no me gusta. Debo cuidarme y defenderme de estas moñerías porque no van conmigo. yo estoy por encima de los hombres y del amor porque no los necesito para llenar mi vida. He podido vivir sin mi padre y puedo seguir sin otra figura que me controle o finja protegerme mientras me miento y me engaña  como a las más tonta. sé perfectamente que hablo de mi padre, pero al fin y al cabo, así me he ido bien y pienso seguir cuidando de mi misma.

Pero, sería tan lindo estar equivocada. Sería maravilloso poder vivir las historias de amor, pasión y felicidad que hay en la biblioteca de la universidad. Sería maravilloso no ser quién soy y no llevar toda la vida intentando convencerme de que todo está bien. Ojalá fuera capaz de luchar para cambiar mi destino y dejar de hacerlo para que solo sea un poco menos duro.


Me desperté algo más agotada si cabía, la almohada estaba empapada y me picaban los ojos. Había estado llorando mientras dormía, lo supe en cuanto sentí el nudo en el estómago. Es imposible, lo supe. Es demasiado tarde. Pensar en no volver a verle me había provocado mil veces más dolor que su actitud esta tarde. Estaba tan enamorada de él que no había remedio alguno.

La rabia había desaparecido y estaba preocupada por él ¿qué le habría pasado? Cuando lo encontré por la tarde ya parecía preocupado por algo. Desde esta nueva calma, estaba segura de que el había querido todo lo que había ocurrido entre nosotros tanto como yo, había podido ver felicidad en su rostro.Había visto amor en él, más allá del cariño. Había algo más de lo que estaba segura, al día siguiente lo vería, me saltaría la última clase para verlo antes y preguntarle. Seguro que podía sacarle algunas sonrisas y hacer que se sienta bien y confíe en mí ya que, aunque él no sienta lo mismo por mí yo voy a estar ahí para él. Pero me quedaba por descubrir una nueva capa en mi corazón, amar a alguien sin demostrarlo tenía duras consecuencias.
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